La realización de la cirugía refractiva tiene lugar sobre el componente más externo del ojo: la córnea. La córnea es uno de los dos componentes ópticos que tiene nuestro sistema visual. Consta de una serie de capas transparentes ya que sus fibras son paralelas. Se trata de una “lente” que junto con el otro sistema óptico que disponemos, el cristalino, son los responsables de que lleguen las imágenes que percibimos a la retina.

¿En qué consiste la cirugía refractiva?

La cirugía refractiva consiste en realizar una ablación (tallado) para poder eliminar tejido corneal en función de la cantidad de dioptrías que tenga el paciente. Dependiendo de la menor o mayor curvatura de la córnea tenemos en gran parte el error refractivo de un paciente (miopía, hipermetropía y/o astigmatismo). La córnea tiene un grosor habitual de 550 micras, de las cuales podremos eliminar como máximo 150 micras durante la cirugía refractiva, ya que quedarnos con un espesor por debajo de 400 micras nos conduciría a complicaciones visuales no deseadas como las ectasias corneales. Por ello, este es uno de los primeros criterios de exclusión que podemos encontrarnos a la hora de una primera consulta de un paciente candidato a cirugía refractiva.

Gracias a los avances tecnológicos en los diferentes tipos de láser para cirugía refractiva, obtenemos cortes corneales altamente precisos, finos y regulares, lo que conlleva al éxito tras la cirugía.

Primero se realizará el primer corte más superficial denominado “flap”. Este corte se realiza con un tipo de láser llamado Intralase con el que realizamos una ventana para poder abrirla y tallar sobre la superficie más interna de la córnea, para su posterior recolocación tras la intervención. Con este láser conseguimos mantener la biomecánica de la córnea, algo fundamental a la hora de la realización de la cirugía refractiva ya que ofrece un máximo control sobre el diámetro, profundidad, centrado y morfología del flap. Además ofrece una exactitud del corte 100% superior al método anteriormente utilizado para la realización del flap: el microqueratomo. Nos permite lograr flaps con grosor más uniforme, un factor clave en la calidad visual del paciente.

A continuación, usaremos otro tipo de láser denominado Láser Excimer (Lasik) con el que tallaremos la cantidad equivalente a los defectos refractivos y aberrométricos personalizados que tiene cada paciente, determinando así todas las características ópticas del ojo para su posterior ablación. Hoy en día utilizamos tecnología de última generación lo que permite reducir el tiempo de la ablación, consiguiendo así mayor confort para el paciente.

cirugía refractiva

En la imagen se aprecian el flap y el corte producido por el láser Excimer durante la cirugía refractiva.

Durante toda la cirugía refractiva, el láser cuenta con un sistema de seguimiento denominado Eye-Tracker, que nos permite un control continuo y total del ojo aunque haya pequeños movimientos involuntarios que pueda realizar el paciente durante la cirugía refractiva.

Una vez realizada esta segunda parte, volveremos a colocar el flap inicial para cubrir la parte que acabamos de tallar. Gracias a que dicho flap protege la ablación más profunda, las complicaciones y molestias postoperatorias se reducen, produciéndose una rápida recuperación de la visión y una reincorporación a su vida habitual en 3-4 días.

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